El 16 de agosto de 2021 comenzó ‘Tortillaland’ la serie de Minecraft en la que más de una treintena de creadores de contenido participamos a lo largo de muchos meses. Pincha aquí para acceder a la lista de reproducción de mi canal de Youtube con todos los capítulos.

Al comienzo de la serie fuimos divididos en tres pueblos, a mí me asignaron en el número 3. Por aquel entonces yo no lo sabía, pero era el pueblo cuya historia se iba a convertir en el orgullo de los mejores culebrones de la historia de la televisión.

Antes de entrar en detalle, permitidme que me presente, soy Cristinini cubito, un conjunto de píxeles indecisa, luchadora, lideresa, algo liante, adorable hasta la locura, tan excéntrica que, a veces, pareciera que vengo de otro planeta.

Uno de mis vecinos en el pueblo 3 era Grefg y cómo no podía ser de otra manera mi primer troleo en contra tuvo su firma. Con la sospecha del chupacabras acechando a la ganadería del pueblo en mi casa empezaron a sonar todas las alarmas, yo no sabía si había construido en un terreno protegido por el Área 51, si me querían echar la culpa del chupacabras o si me había excedido con la contratación de la seguridad de mi casa.

Muchos minutos más tarde de intensa búsqueda acerca del origen del sonido tan alarmante y descubierto por ende el troleo, era el momento de mi venganza.

Dicen que fuera de este mundo de cubitos y píxeles existen otros mundos y realidades, otras personas, no sé si esto es verdad, no sé si existe vida más allá de estos pueblos. Las voces de mi cabeza me hablan de una persona, Cristinini dicen que se llama como yo y que tengo mucho en común con ella. Tanto es así que compartimos profesión, las dos somos reporteras, solo espero que ella no tenga tantos accidentes como yo cuando grabo.

La imagen que podéis ver forma parte de uno de mis reportajes, al fondo puede observarse una iglesia bastante pequeña en comparación con la grandiosidad de la catedral de Notre Dame de París que replicamos en el pueblo 3. Como dice un conocido dicho ‘quien no conoce a Dios a cualquier santo le reza’.

Mi carrera profesional solo estaba comenzando porque al trabajo como reportera, ingeniera, arquitecta y obrera, se sumó la alcaldía del pueblo 3. Fue una campaña electoral un tanto complicada, sobre mí circulaban rumores infundados acerca de supuestos desequilibrios mentales, explosiones de ira incontroladas, traiciones con otros pueblos…nada hacía suponer que mis vecinos apostarían por mí antes que por el resto de los candidatos, pero lo hicieron y gané. Gané la alcaldía y varios enemigos porque acto seguido a mi nombramiento sufrí mi primer atentado, ni mi casa ni yo volvimos a ser las mismas.

Ahora que el desarrollo y la prosperidad del pueblo dependía de mí debía tomarme en serio mi cargo. Lo primero que debía hacer era nombrar a mi equipo de confianza y así lo hice, básicamente, para poder delegar en ellos todo el trabajo mientras yo seguía centrada en mis asuntos personales.

Una bonita mañana de otoño llegó al pueblo un lobo y con él llegó el caos y la destrucción por donde pasaba. Como era de esperar, pronto nos hicimos amigos, de hecho, nos hicimos compitruenos del alma, pasara lo que pasara seríamos inseparables -aunque lo que pasara fuera la explosión de la casa de mi amiga- e iríamos a la cárcel en compañía.

Hasta ahora solo os he hablado de mi vida profesional y os he contado alguna anécdota del pueblo, he querido dejar la mejor parte para el final. Si os fijáis en alguna imagen mía podréis ver que mi anatomía no es exactamente como la del resto de habitantes de Tortillaland, tengo algo distinto y no solo por fuera. Anteriormente me he definido como de otro planeta y la verdad es que soy de otro planeta.

Soy un experimento fallido de mi creador, alguien conocido de otro planeta, él quería darles un alma humana a los robots de su laboratorio. En sus cálculos conmigo algo salió mal y no pudo esconder del todo la esencia de lo que soy: una androide programada para infiltrarme en el mundo de los humanos cubitos.

En el código base de mi programación tengo algo que creo que se llaman sentimientos como la amistad, el amor o la tristeza. Sin embargo, aunque sé que ante una situación triste tengo que llorar, no sé por qué tengo que hacerlo yo solo reacciono haciendo lo que veo.

Entre los humanos cubitos se dan relaciones de amistad o de amor pero tampoco sé cómo reaccionar ante esto. Durante toda la serie he pasado mucho tiempo con Betra y con Carola, el resto de los vecinos me preguntaban si quería a uno o al otro, no entendía nada, me decían que Betra lloraba por mí porque pasaba tiempo con Carola y también me decían que Carola era mi MAPS.

En medio de todo este desorden emocional de eso que llaman sentimientos hubo un detalle que me cortocircuitó por dentro, nunca había experimentado de forma racional un sentimiento. Tras varias idas y venidas, algunas imágenes confusas y encuentros a solas necesitaba separarme de los demás porque mis cables echaban humo.

Carola es un rudo vikingo incapaz de pensar en algo o en alguien más allá del Valhalla y de Odín, pero conmigo era diferente, todos me lo decían y yo no lo supe entender a tiempo. Tened cuidado con lo que deseáis porque se puede cumplir.

No sabía qué me estaba pasando, yo no estoy programada para sentir y mucho menos para corresponder con sentimientos humanos.

Lo que sí he aprendido de mi relación con el resto de los humanos cubitos es que, por encima de todo, está la amistad y la lealtad con quienes te tratan bien y te cuidan aunque tú no lo veas y no seas consciente del apoyo que te dan. La programación de mis circuitos es finita -obsolescencia programada lo llaman-, sin embargo, la repercusión de las acciones será sempiterna. Los pequeños detalles tienen un comienzo cuyas consecuencias serán eternas.

El regalo de cumpleaños que me hizo Betra, NiniLand, volvió a ponerlo todo del revés. Dicen que en el final de todo cuando cierras los ojos por última vez te acuerdas de la persona que más has querido y yo me acordé de alguien. ¿Me estaré convirtiendo en una humana?

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